¿CUANDO PEDIMOS AYUDA A UN PSICOTERAPEUTA?

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Por regla general es recomendable pedir ayuda cuando hay un malestar que dificulta el día a día, las relaciones familiares y sociales, esto que parece obvio no lo es tanto, es frecuente que cuando un paciente pide ayuda no viene con un malestar solamente, trae consigo un gran sufrimiento a cuesta, luego de meses o años en medio de un conflicto subjetivo, con relaciones amorosas y familiares rotas, fracasos múltiples, la salud física deteriorada, etc.

Son muchos los pacientes que plantean que nunca pensaron que vendrían a hablar con un psicólogo, es verdad que todos tenemos malestares y que tampoco es cuestión de al mínimo problema correr a pedir ayuda, no se trata de eso, es fundamental que haya un reconocimiento de que algo anda mal, tanto porque se llegue a esa conclusión, como cuando la familia y los amigos plantean que hay un problema.

A lo largo de la vida recurrimos a distintos profesionales para resolver muchos asuntos, ¿Por qué no recurrir a un psicólogo si padecemos un malestar psíquico?

Cuando se da el paso, es porque hay un deseo de salir de esa situación, no alcanza con reconocer el malestar, el reconocimiento es necesario pero no suficiente, si solo se reconoce se puede quedar instalado en él.

¿Cómo se manifiesta un malestar, que deja de ser un malestar pasajero pasando a ser insoportable?

Cuando se hace síntoma, muchas veces aparecen dificultades en las relaciones con los otros, con la familia, con la pareja, con los  hijos, en el trabajo, disfunciones sexuales, fobias, fracaso escolar, hiperactividad, enfermedades en el cuerpo (psicosomáticas), adicciones, trastornos alimenticios (anorexia bulimia obesidad) o cuestiones que no se identifican claramente como angustia, ansiedad, depresión, estrés. Estos síntomas limitan y empobrecen el día a día, contaminan todas las relaciones, nuestro funcionamiento cotidiano familiar, laboral y el disfrute con los demás.

El sujeto nace en un entramado de lenguaje que lo nombra y lo sostiene. Lo nombra con un nombre y dice qué lugar tiene para su familia. Pero, no solo lo sostiene esa  red de palabras, sino que también lo sostienen los lazos de amor, los cuerpos que lo engendran, le dan vida, calor y continentación. Ese entrelazado de cuerpos, amores y palabras, principalmente palabras, nos estructuran desde muy temprano y nos dejan en determinada posición, de cómo cada sujeto también pueda responder a ese entrelazado exterior y luego los avatares de la vida  se potenciarán determinados aspectos, los sanos y los patológicos.

Nuestro modo de abordar el malestar psíquico es a través de la escucha analítica.

El paciente cuenta con un espacio para hablar de su malestar, el terapeuta a partir de su escucha y a través de sus intervenciones y señalamientos posibilita a quien consulta a encontrar el origen de su malestar, ayudando a que cada uno, caso a caso encuentre su salida, su solución particular, en el trayecto, es decir en el tratamiento, hay una disminución del sufrimiento y un significativo alivio del malestar y por sobre todo que quien consulta termina sabiendo más sobre sí mismo, sobre lo que le sucede, haciéndose responsable de por qué establece las relaciones amorosas, familiares y laborales que tiene y cómo puede reconducir su vida.

El paciente en el espacio terapéutico encuentra sus propias herramientas y cómo usarlas, desde nuestro enfoque no hay pautas, cada uno descubre y realmente es así, como arreglárselas en la vida de una forma más satisfactoria.

 

Graciela Reolon

Gradiva Psicólogos

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