A PROPÓSITO DE LA AUTOESTIMA

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La autoestima es la suma de dos aspectos: el modo en que nos valoramos y el modo en que nos queremos en las distintas áreas de nuestra vida. Esto, aunque parece sencillo, es complejo, por lo cuál estas líneas no pretenden ser un recetario de consejos fáciles pero de poca utilidad, sino un espacio para aclarar ideas.

  • El modo de valorarme.

La clave no está en valorarme mucho o poco, sino en valorarme con el mayor realismo posible. Hay momentos y etapas en que pienso que no valgo, que no puedo, que no soy capaz, que no sé cómo decir que no o cómo decir que sí a algo o alguien. Esas valoraciones se pueden ir haciendo fijas hasta dañar mi propio autoconcepto, o la idea que tengo de mí mismo en general. Sin una valoración sana y realista, no es posible la verdadera aceptación, sino la inferioridad o la superioridad, dos caras de la baja autoestima. No somos los mejores ni los peores, no valemos más ni menos que nadie, aunque es cierto que nuestros recursos y limitaciones pueden mejorar en las situaciones de la vida. Una correcta valoración requiere un análisis detenido, justo, sensible y honesto y, sólo después, desarrollar lo que falte en la medida de lo posible. Los psicólogos sabemos que no es un proceso que se resuelva en dos días ni leyendo un libro. Cuanto mejor entendamos lo que ocurre, aprendiendo a no perder las fuerzas en culparnos y compadecernos, más sanearemos nuestra autoestima, ya que tenemos mucha más capacidad de aceptar la realidad de lo que solemos pensar.

  • El modo de quererme.

Se trata de amarme de forma adulta, lo cual implica responsabilidad, conocimiento, paciencia y una enorme comprensión. Es lo contrario a juzgarme, sufrir y, al final, quedarme inmovilizado. Querernos es comprometernos, en primer lugar, con nuestra vida y nuestras capacidades y, en segundo lugar, la mejor manera de querer bien a los otros. Quien nos ame de verdad, deseará vernos libres y que nos hagamos cargo de nuestra propia vida en la medida de lo posible y, también, que sepamos expresarnos y pedir ayuda siempre que la necesitemos, algo normal e indispensable.

La autoestima influye y es influida en todos los ámbitos de nuestra vida: físico, familiar, laboral, intelectual, a la hora de tomar decisiones y actuar, en las relaciones de todo tipo, etc.

Hay cierta confusión respecto al sentido y desarrollo de la autoestima. Algo que se basa en nuestro realismo para valorar y nuestra madurez para amar no puede ser una cuestión simple. La autoestima no crece repitiéndonos cada mañana frases de autoafirmación positiva, anhelando fantasías de superioridad, esperando no necesitar a nadie o aspirando a no sentir nunca inseguridad,tristeza, enfado o frustración. La autoestima no anula las emociones ni evita que nos sintamos confundidos, pero consigue que en esos momentos no dejemos de valorarnos ni querernos. Se asienta en la base de nuestra mente y nuestro corazón, de modo que será necesario un proceso personal para desarrollar nuestra capacidad,  de ver con claridad, de sentir con una sensibilidad sólida y de actuar  contemplando muchas más posibilidades que hasta ahora. En ocasiones requerirá ayuda profesional si existen problemas como ansiedad, depresión u otros. Sin lugar a  dudas, es posible mejorar la capacidad de protagonizar nuestra vida y, a la vez, entregarnos a ella con más claridad y armonía.

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