TRISTEZA, DEPRESIÓN Y ANGUSTIA

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Muchas veces sucede que estos tres conceptos se confunden, las personas tienen dificultad para poder diferenciar de cuándo estamos hablando de una u otra situación lo cual, para el que lo sufre, agrega un cierto grado de desconcierto. Me propongo comenzar a hablar de los mismos y de su relación con la realidad que el sujeto vive como forma de poder entender el porqué y el cómo de cada uno.

La tristeza como afecto acompaña al sujeto frente a la pérdida, frente al duelo, sea de un ser querido, de un esfuerzo que no ha dado los frutos que esperábamos, la pérdida de un puesto laboral o social, etc. O sea, es producto de una herida que el sujeto sufre en el transcurso de su vida, es producto de las pérdidas que la vida genera en su desarrollo y son parte de ella. No existe por tanto la posibilidad de escapar a la tristeza, sino de superarla como parte del duelo. Muchas veces, alentado por un discurso social que niega la tristeza y propone la salida inmediata a través del consumo de objetos, fármacos o la negación, las personas intentan no experimentarla, lo cual lleva inevitablemente a su transformación en síntomas muy variados (actitudes maníacas, aislamiento, consumo de sustancias químicas, etc.). Debemos aceptar que la tristeza no solo es natural, sino que es necesaria como parte del duelo y superación de las situaciones, y que cuando hay dificultades para aceptarla es que hay un conflicto que no permite al sujeto enfrentar los problemas y pérdidas con naturalidad, apoyándose en la palabra como elemento fundamental para encontrar sentido y sostener un lazo con el otro.

El caso de la depresión compromete más a la personalidad del sujeto, aunque podemos diferenciar la depresión aguda (acotada en el tiempo), de una personalidad depresiva. Si bien la depresión va a acompañada generalmente de un sentimiento de tristeza, en este caso el foco de la misma no es una pérdida puntual, sino una valoración negativa y culpógena del propio sujeto, la persona no se ve capaz de llevar una vida gratificante, de producir y sacar adelante ningún proyecto vital, se vive así mismo desvitalizado y proyecta esa desvitalización a todo su entorno, el Otro no tiene nada para él y por eso nada lo motiva porque nada le espera, el esfuerzo no tiene sentido y se refugia en una pasividad improductiva y abandónica. Aquí lo que puede estar perdido ya no es algo específico fuera del sujeto, el sujeto no encuentra en el lazo amoroso o social una forma de construirse un lugar en el mundo. Debemos decir que este refugiarse en un aislamiento más o menos grave, también es una forma de no asumir riesgos y pérdidas, el “no hacer” también es un “no arriesgar” en el encuentro con el otro. Poner en juego tanto las capacidades como las carencias se hace necesario para dar ese paso de asumir la responsabilidades de la vida y superar una depresión, requiere un esfuerzo y un grado de valentía.

La angustia como tal es el afecto que surge a partir de la aparición de algo que no es tolerable para el sujeto, la angustia “no miente” dice Lacan, nos anuncia de la presencia de algo que el sujeto no puede tolerar, pero por sobre todo es “algo” que conscientemente desconoce, ese sentimiento surge en las fobias, que no se explican por la realidad objetiva (miedo a las palomas), no se trata de una amenaza “real” para el sujeto, pero sí de una amenaza en un registro anímico inconsciente. Cuando estamos frente a la presencia inminente de una situación que no podemos tolerar por razones que no manejamos, que escapan a una razón lógica, allí la angustia hace aparición, de alguna manera podemos decir que nos protege ya que nos pone en alerta de aquello que no podemos comprender. La dificultad surge cuando las situaciones angustiosas se repiten ya que la extensión de situaciones que generan angustia se multiplican y por lo tanto se recorta la libertad y calidad de vida del sujeto. Esto hace necesario comprender qué está representando la angustia, manejar qué es lo que verdaderamente angustia al sujeto, por detrás de la situación concreta se oculta un motivo más profundo.

La tristeza es superada en forma autónoma generalmente, pero cuadros de depresión y angustia requieren una orientación profesional y un tratamiento terapéutico que ayuden a la superación de éstos.

H. Alejandro Alfonso Lateulade
Lic. Psicología – Psicoanalista

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