EL PROCESO DE ADAPTACION RESIDENCIAL

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Para la gente mayor, la vivienda es parte de su propia existencia. Todo aquello que tienen en casa (muebles, jardín, plantas…) se convierte en un elemento constitutivo de la propia persona. El cambio de vivienda, las hospitalizaciones, la institucionalización, en último término, generan consecuencias psicológicas que pueden llegar a ser graves, sobre todo si la persona no quiere ser institucionalizada o piensa, porque así se lo han hecho creer, que el ingreso será sólo puntual.

Si la institucionalización es voluntaria, consciente y razonada, se podría evitar o disminuir el llamado "efecto traslado" y la persona sentiría una mejora en su salud y en el estado de ánimo. Es necesaria pues, una preparación adecuada para la persona que debe ingresar en una institución, que la decisión la incluya plenamente, y que en último lugar, sea ella la que escoja libremente el traslado, siempre que la persona no esté falta de sus capacidades mentales. Si la decisión es compartida, la mortalidad disminuye y aumenta la calidad de vida del anciano institucionalizado, mejorando así su proceso de adaptación.

En este sentido es muy importante como profesionales trabajar en equipo y ser capaces desde los distintos ámbitos de actuación posible: médicos, enfermeros, psicólogos, trabajadores sociales, auxiliares… actuar de manera concreta y eficaz, pensando siempre en el nuevo residente y en sus necesidades de adaptación.

Como profesionales, debemos entender que el proceso de Ingreso, pese a ser un hecho puntual, su repercusión es mucho mayor, porque los cambios no dejan de sucederse alrededor del mayor, aún estando institucionalizado.

Es muy importante que la familia participe activamente del proceso y se muestre colaboradora, el nuevo residente se sentirá más arropado si su familia le acompaña hasta el final. Como profesionales cuantos más datos tengamos sobre su persona y vida, más fácil nos será a adecuar la nueva realidad a los intereses del residente.

Una familia que no se implica (que no acompaña al mayor) genera en este un sentimiento de frustración y negación, que repercute en su estado mental y físico de una manera negativa y que no le abandonará en mucho tiempo. Los familiares en este sentido tienen una función muy importante, no sólo como acompañantes, sino como conciliadores y mediadores entre el residente y el centro residencial.

Se trata de crear lazos y relaciones entre familia-usuario e institución que tengan como principal objetivo el bienestar del residente y una mejor calidad de vida.

Desde nuestra residencia, somos conscientes de que no hay una adaptación general al centro, sino individual, aunque contemos con protocolos centrados en la adaptación del mayor ,nuestro mayor énfasis radica en darle individualidad a este proceso, para realizar intervenciones más personalizadas, sensibles a los cambios y atendiendo a la evolución de cada caso.

En última instancia no debemos olvidar que la necesidad de sentirse querido y respetado pasa a ser más importante que la necesidad de comida o atención médica y en ese aspecto debemos intentar que el mayor encuentre en nuestra residencia la atención y cuidados que necesite sin dejar de lado el respeto y el afecto.
Ha sido escrito por la trabajadora social de la residencia Nuestra Señora del Puig Resipuig.

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